miércoles, 7 de marzo de 2012

Entre manos e ilusiones

Tengo dos líneas en la base del dedo meñique de mi mano izquierda; una se desvanece hasta desaparecer, la otra lo rodea todo, como si lo abrazara.

Hace unos 3 años, un viejo con barba que me leyó la mano en un callejón de hippies, me dijo que esas líneas representan el amor.
La esperanza sabe venderse.

Tú tienes el corazón roto...
Estas dos líneas que ves no representan tus aventuras, ni tus novios, ni tus amantes: son los dos amores verdaderos que tendrás en la vida y, desde luego, uno se acaba y el otro es para siempre.
Piensa entonces si vale la pena andar por la vida con el corazón así.

Uno cree casi cualquier cosa cuando se tiene el corazón roto y yo creo casi cualquier cosa siempre, así que hice un recuento de viejos amores y llegué a la conclusión de que sí, que el hombre que me tenía con el corazón roto era esa línea clara, continua e infinita en mi meñique. Por supuesto, no.

En 3 años uno olvida, llora, se enamora, sonríe, cree y deja de creer.
Ahora estoy contigo aunque estemos lejos.
A veces me gusta recordar a ese viejo y pensar que eres tú esa línea infinita y que un día voy a llegar en coche a una casa contigo, nuestro perro y nuestros dos hijos. Pero hay días como hoy que no me importa si el amor es eterno o si la eternidad también se acaba.
¿Que voy a saber yo?
Hay días como hoy en que solo quiero extrañarte y esperar frente al teléfono y soñar que al rato estarás aquí y yo podré quitarte los zapatos porque estarás cansado pero no lo suficiente como para que yo me acueste en tus piernas y te cuente que estoy triste porque hace dos semanas que no hablo con mamá. Eso también me sabría a eternidad.

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