lunes, 23 de abril de 2012

De amores y otros desencuentros.

A mis cortos (ponga edad aquí) he tenido tres amores:

El primero fue complicadísimo, de esos amores que están destinados al fracaso pero el fracaso aparece cuatro años después tras una serie de infortunios que te enseñan que es mejor rendirse a tiempo. Viví de todo en esa relación, muchas primeras veces y otros tantos “no lo vuelvo a hacer” que evidentemente no fueron cumplidos; pero ¡ah! qué bonito es el primer amor. Todo se presenta tan nuevo y tan intenso que te sientes en las nubes hasta que llega la caída y el madrazo duele tanto que preferirías la muerte antes que la terrible desdicha de sufrir tal agonía, luego aprendes que de amor no se muere y continuas con tu vida.

El segundo fue muy divertido, él extranjero y yo en mi país, él sumamente hermoso y yo en mi país, él un desmadre… y yo también. Ese amor fue más dinámico que romántico y por supuesto nada tormentoso. Un amor de esos frescos que llegan en el momento adecuado y se van sin que lo notes. Amores/amistades que todos deberíamos tener en algún momento.

Y el tercero… el tercero es el que ahora vivo. El tercero es el que ahora me consume porque por fin “lo encontré” y él no se ha encontrado ni a sí mismo.

Recuerdo cuando estaba enfrascada en el primero y pensaba que me iba a casar, tener hijos, vivir por siempre feliz… y nada.

Este tercer amor me ha enseñado que pensar a futuro es como sentirte satisfecho cuando aún no has comido, como pensarte ebrio sin haber bebido, como planear tu funeral en vida o intentar volar sin alas. Este amor es hasta ahora el más real, el más tangible y el más lejano. El que me hace sentir segura, libre, llena de todo y sin embargo me mantiene en una completa incertidumbre, pues es un amor que de la cama nunca va a pasar. Doloroso, pero real.

Y así se va la vida, comenzando por amores de “para siempre” que duran poco, hasta llegar a los amores sin futuro que marcan vidas, pasando por los efímeros y a mí no me queda más que seguir amando y agradecer que aún no he perdido la capacidad de decir “chingue su madre, ¿por qué no?.

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