miércoles, 22 de agosto de 2012

Todo es tu culpa

Por ejemplo...
Es tu culpa que me haya enamorado de ti, ¿Cómo pretendías que no ocurriera?
Te la pasabas mirándome con esos ojos cafés pequeños y tiernos, y hacías esas caras que solo yo conozco qué significan, luego tu boca hacia un gesto que no daban ganas de otra cosa sino de besarla
¿Cómo pretendías que no lo hiciera?, me decías cosas al oído en un tono suave, realmente suave, ese que normalmente no usas con otras personas, ese que solo yo tengo derecho a oir.
¿Cómo pretendías que no me gustara tu voz?
Y no hablemos de cuando me dices cosas en francés, sí, ya sé que normalmente lo hacías cuando te hacia enojar, pero…
¿Cómo pretendías no enamorarme?
Cuando me di cuenta de que ya estaba muy enamorada, no era tarde, nunca lo fue, nunca lo es, al contrario, supe que había sido toda tu culpa y yo, no podía pretender ocultarlo si se me notaba a leguas cuando me mirabas, cuando movías tu boca, cuando me decías cosas al oído, cuando me hablabas en francés.

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