domingo, 7 de septiembre de 2014

Carta que de nuevo no leerás

Hola, ¿cómo estás? Pienso en ti a diario. Juré que no te lo iba a decir pero es que no se me ocurre otra cosa. 

Cierro los ojos y ahí estás, sueño y ahí estás, veo el atardecer y recuerdo tus palabras, y ahí estás. Miro a una pareja de niños, tomados de la mano, y nos recuerdo juntos, y ahí estás. Vivo, y ahí estás. 

Eres como una dulce pesadilla, verás, te sigo amando y ya no estás. Y ya no estás desde hace tanto, y sin embargo estás.

¿Cuántos años fueron? No sé, ¡qué más da!, como si el amor se midiera en tiempos. 

Éramos unos niños, jugando a amarse, y lo hicimos mal, ¿nos amamos de verdad? ya no lo se. 
Recuerdo tu cara, tu pelo, tu voz.
Cuando te sueño estás igual, con tus ojos verdes, como mi color favorito, con tu pelo, amo que era negro, con tu piel, tu barba a medias, tus pestañas, tus piernas, tus abrazos, todo tú. Cuando te sueño sufro un poco, porque solo es eso, un sueño. 

Cuando te sueño y despierto sufro porque ya no estás. Han pasado tantos años y sin embargo no te vas.

Te escribo porque no tengo mejor manera de besarte, te pienso porque es mi forma de amarte, te recuerdo para no olvidarte, y me marcho para no matarte.

Amor, querido amor, espero que tú estés bien. Amor, no me despido, porque no pienso marcharme, simplemente ya no voy a estar.


Adiós, amor.