martes, 14 de febrero de 2012

TRISTE REMEDIO

Si no te tuviese aquí no sabría que eres pérdida total. 

Que sin más me quedo hoy esperando esa curiosa resucitación de mí.
Esa esencia tuya de apoderarte de mi mente y de todo aquello que solía hacer, me tiene atada. 



Y ahora que estás aquí sin estar, me doy cuenta de lo estúpida que fui... dejando el tiempo formar parte de aquella pérdida total.
Era putrefacción.


Parte de mí a veces solloza por las noches, pero siempre existe ese lado opuesto que me mantiene firme. 


Firme y segura frente a tú vulnerabilidad.

Tú mi destructor, mi más amado asesino, mi más fiel enemigo, mi devastación, mi fin. 
Siempre estuviste en mí y siempre lo estarás, de eso estoy segura. 
Siempre dejándome vencer por esa imagen tuya. 
Hoy no puedo sacarla, no puedo desvanecer la idea de ti. 

Pero sé bien que se puede acostumbrar el alma a utilizar otros vasos sanguíneos para remediar el dolor causado.
Así tomo hoy como remedio ésta anatomía rojiza que ha llegado desde lejos para quitar la infeliz agonía de vivir atada a un imposible azul, que marchita mi ente por completo. 

Triste remedio, infalible solución. 

Que no falla, no falla... no pierde el control. 

Soy inflamable a tu corazón.

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