domingo, 22 de abril de 2012

El hombre de mi vida.

Cuando abrí los ojos fuiste lo primero que vi, tan nervioso, tan pendiente, tan cuidadoso de que todo en mi mundo estuviera bien. En mis primeros pasos eras tú el que corría detrás para detenerme en cuanto cayera. Eres ese al que le daba pavor que yo sufriera. Tan alto como los sueños que me has enseñado a tener… a alcanzar. De tus alas es que yo aprendí a volar; mi fuerza, mi ejemplo, mi día a día llena de seguridad. Recuerdo aquellas noches en las que me acurrucaba adentro del estuche de tu guitarra, mientras tus manos bailaban entre las cuerdas hasta que el sueño se apoderaba de mí. Los cuentos que inventabas, las historias; la vez que dijiste que eras inmortal, el día en que descubrí que Santa Claus y el ratón de los dientes se escondían detrás de tu sonrisa al verme abrir los regalos; las miles de veces en las que hemos llorado, reído, discutido, bailado, jugado a las escondidas, cantado y hasta escrito juntos. Mis logros son tus logros, mis risas son tus risas, mis miedos son tu temor. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, papá.

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